La Vuelta a España 2021 sigue encontrando nuevos territorios ciclistas. Para la edición de este año ‘debutan’ cuatro puertos de montaña que serán final de etapa inéditos. El Picón Blanco, el Balcón de Alicante, el Pico Villuercas y el Gamoniterio, además de dos llegadas en alto, a la Montaña de Cullera y al Alto de Castro Herville en Mos.


La seña de identidad de la Vuelta en sus últimas ediciones no cambia para 2021. Después de la recortada edición de 2020, que tuvo emoción de principio a fin, la de este año es una Vuelta con características muy similares. Empieza el 14 de agosto con una crono individual en Burgos en la Catedral y acaba con otra en Santiago de Compostela también en la Catedral, y en mitad hay hasta ocho etapas con final en alto y otras seis con un puerto ‘peligroso’ a poco de meta. A los velocistas solo les quedan media docena de etapas para ellos, siempre y cuando no haya escapadas consentidas. Y las emociones están repartidas durante todo el recorrido, sin tiempos muertos. Hay montañas de la primera a la última semana y esta vez sin un puerto tan decisivo como el Angliru, sino con espacio y opciones para ‘jugar’ a ciclistas durante toda La Vuelta.

La diferencia con respecto a otras ediciones serán los traslados. Es una Vuelta prácticamente itinerante en casi todas las jornadas. Sale Burgos, sube hasta casi la costa cantábrica y baja hacia el sur por la costa mediterránea y desde el Rincón de la Victoria (Málaga) atraviesa el centro por la vía de la Plata extremeña y vuelve al norte hasta Laredo, para recorrer toda la costa cantábrica hasta Santiago de Compostela.

Crono y montaña en la primera semana

La Vuelta a España 2021 arranca en Burgos con una crono individual corta solo 8 kilómetros, pero dura. Salida y llegada a la Catedral, que celebra su octavo centenario y subida al Castillo, donde suele acabar la primera etapa de La Vuelta a Burgos. Después jornada llana entre Caleruega y Burgos y para el tercer día llega la montaña. Salida en Santo Domingo de Silos y final unipuerto en el Picón Blanco, que ya marcará diferencias con sus 8 kilómetros al 9% y rampas de hasta el 16%.

La carrera atraviesa la península hacia el Mediterráneo con dos etapas llanas con finales en Molina de Aragón y Albacete, lo que supone la presencia casi segura de viento. Al siguiente día salida de Requena para llegar a la costa. Recorrido totalmente llano pero final peligroso en el repecho final de Cullera. La séptima etapa entra en el territorio ‘comanche’ de la Costa de Alicante con cinco puertos de montaña y final en el inédito Mirador de Alicante, que tiene rampas de hasta el 14%. Jornada de transición prácticamente llana en La Manga del Mar Menor y para acabar la primera semana un etapón de alta montaña. Un día de 180 kilómetros y cuatro puertos, que incluyen la subida a La Venta de Luisa (Calar Alto) y final en los tornantis de Velefique.

Finales peligrosos y el debut del Pico Villuercas para la segunda semana

Después de la jornada de descanso en Almería la Vuelta a España 2021 entra en la segunda semana con etapas peligrosas. La primera con final en el Rincón de la Victoria después de subir el puerto de Almachar, un segunda con la cima a 15 de meta. Al día siguiente terreno de emboscadas por la sierra de Jaén y final en el duro repecho de Valdepeñas de Jaén. Y la tercera etapa de la segunda semana también tiene miga, con un segunda a falta de 15 kilómetros para la meta. El turno para los velocistas será la meta de la Villanueva de la Serena.

El finde de la segunda semana de La Vuelta 2021 empieza con una jornada dura con un final inédito en el Pico Villuercas, de 14 kilómetros y rampas de hasta el 14%, que se subirá dos veces, la primera de ellas con un tramo de hormigón de tres kilómetros al 13%. Al día siguiente recorrido largo, 193 kilómetros, por la sierra de Gredos con la Centenera, Pedro Bernardo, Mijares y San Juan de la Navapara terminar en El Barraco.

Lagos, el Gamoniteiro y crono el último día

Largo traslado hasta Cantabria para comenzar la tercera semana. El final en Santa Cruz de Bezana parece propicio para una fuga o los velocistas. Será la antesala de la montaña asturiana, que volverá a ser decisiva. El miércoles 1 de septiembre la carrera afronta un etapón de 180 kilómetros y 4.000 metros de desnivel. Doble subida a la Collada Llomana en el Valle del Ponga y final clásico en los Lagos de Covadonga. Sin embargo la etapa reina será el jueves 2 de septiembre con un día de más de 5.000 metros de desnivel acumulado. Por el camino en durísimo San Lorenzo, la vertiente norte de La Cobertoria (por Quirós), la subida a Cordal por la vertiente de Riosa y el final en un puerto que hará historia en La Vuelta, el Gamoniteiro. Inédito para la carrera y con 15 kilómetros al 9,6%.

Jornada de transición rompepiernas con final en Monforte de Lemos y el sábado la última oportunidad para los escaladores con una etapa estilo a las clásicas de Lombardía o Lieja con cinco puertos de montaña y meta en Castro Herville Mos, de ocho kilómetros al 6%. Todo antes de la crono final ondulada de 33 kilómetros, larga para lo que suele ser habitual, que terminará de decidir la carrera.

Pogacar, Carapaz, Más, Valverde…

Y como esta Vuelta se ha presentado en el mes de febrero, cuando habitualmente se hacía en diciembre, ya hay muchos equipos que tienen definido el calendario de sus líderes. El principal reclamo será el ganador del pasado Tour, Tadej Pogacar, que ya hizo podio en el edición de 2019. También ha confirmado su intención de correrla Richard Carapaz, segundo el año pasado, y Enric Mas, quinto. En duda está Egan Bernal, que ha confirmado el Giro, y Primoz Roglic, que dependerá de lo que pase en el Tour. Si se ha apuntado del Jumbo Kuss, que debutará como líder en una grande.

Pero sin duda uno de los grandes protagonistas será Alejandro Valverde, en la que posiblemente será la carrera de su despedida como ciclista profesional casi 20 años después de debutar allá por la edición de 2002

 

Todas las Etapas

 

Etapa 1. Burgos – Burgos

La primera etapa, con salida en la catedral de Burgos, y el ascenso al alto del Castillo, ofrece una primera oportunidad de crear diferencias.

Etapa 2. Caleruega – Burgos

Primera etapa en línea y oportunidad para el viento y los velocistas. Las caídas y la colocación serán los grandes temas a tratar. Ningún puerto puntuable.

Etapa 3. Santo Domingo de Silos – Picón Blanco

Sin más dilación llega la primera llegada en alto de esta edición. Y no en cualquier puerto. Picón Blanco es nuevo en la Vuelta, aunque no en el ciclismo. Su cima ha sido coronada por Landa o Evenepoel, lo que da muestra de lo exquisito de su ascenso. El resto de la etapa será prácticamente llana, con el alto del Manquillo y el de Bocos, ambos de tercera.

Etapa 4. Burgo de Osma – Molina de Aragón

De la provincia de Soria recorremos un terreno rompepiernas para llegar a la localidad de Molina de Aragón, en Guadalajara. El viento será de nuevo el protagonista, con el repecho final para marcar algunas diferencias mínimas entre grupos en el más que previsible sprint.

Etapa 5. Tarancón – Albacete

Si la llegada a Albacete es conocida en el mundo del ciclismo es por el viento que arrecia en sus proximidades. Abanicos, nervios y desgaste que después pasará factura. La llegada, si todo va según lo previsto, al sprint.

Etapa 6. Requena – Cullera

Nueva llegada en cuesta, si bien se trata de una subida corta. La llegada a Cullera no será determinante, puesto que siendo tan breve, las diferencias se moverán en segundos. El resto de la etapa es plana y en su segunda mitad transita por zonas bien abiertas al viento.

Etapa 7. Gandía – Balcón de Alicante

Durísima etapa de media montaña. Desde el nivel del mar llegarán a los casi 1000 metros de una llegada inédita en el ciclismo: el Balcón de Alicante. La etapa comienza con el ascenso a un puerto de primera, Llacuna, que formará una fuga bastante interesante. A continuación llega un terreno donde consolidar o trabajar el pelotón para recomponer la situación de carrera. A partir del puerto de Benilloba todo es subir o bajar. Tudons, un clásico de la carrera, regresa por su lado amable, aquel donde Esteban Chaves fraguó su tercer puesto en el podio camino de Aitana.

Después se sube el puerto del Collao, de segunda, y el de Tibi, de tercera, antes del novedoso puerto final. Se esperan las primeras diferencias serias y alguna sorpresa en forma de escapada que luego cuesta bajar de los primeros puestos de la general.

Etapa 8. Santa Pola – La Manga del Mar Menor

De nuevo vuelve un cambio de desarrollos, esta vez al llano, con riesgo alto de viento y posibilidad alta de llegada al sprint, aunque veremos cómo de reducido. O no.

Etapa 9. Puerto Lumbreras – Alto de Velefique

Primera etapa de alta montaña. Un auténtico etapón, con pasos por el puerto de Cuatro Vientos, de segunda, el auténtico coloso del día, el de Venta Luisa (Calar Alto), todo un categoría especial puntuado de primera, que enlaza sin solución de continuidad con elalto de Castro de Filabres, revirado y duro, y la subida final al escénico Velefique.

Etapa 10. Roquetas de Mar – Rincón de la Victoria

Tras el día de descanso, llega una etapa trampa, con miga en su parte final. Transcurriendo en su mayor parte por costa, el muro de Almáchar pondrá en aprietos al pelotón. Si una fuga llega, tanto la subida como la bajada serán decisivas.

Etapa 11. Antequera – Valdepeñas de Jaén

Un clásico en la Vuelta. La llegada durísima a la localidad jienense de nuevo impedirá que los ciclistas se tomen un respiro. Los líderes tendrán que estar atentos de nuevo, con un final trampa en el que los puertos de Lagunillas para la fuga, y de Valdepeñas de Jaén para los favoritos, marcarán la carrera. La rampa final, con puntas sobre el 20%.

Etapa 12. Jaén – Córdoba

Sin respiro, las fugas volverán a tener protagonismo, con el doble ascenso a los montes contiguos a la capital cordobesa, un semi circuito que será muy atractivo incluso para ver peleas entre los gallos. El alto del 14% pasará ya factura.

Etapa 13. Bélmez – Villanueva de la Serena

La vuelta de la Vuelta a Extremadura no será testimonial, con una primera etapa donde el viento de nuevo será protagonista. Los equipos de velocistas procurarán controlar para una volata cantada.

Etapa 14. Don Benito – Villuercas

Uno de los grandes estrenos del año. El Pico Villuercas se estrena en la Vuelta con una etapa acorde y un primer paso por su durísima vertiente de hormigón. Primera llegada en alto en Extremadura y un coloso que tiene muchos visos de marcar diferencias y empezar a decidir el podio.

Etapa 15. Navalmoral de la Mata – El Barraco

Durísima etapa previa al último día de descanso. La sierra de Gredos será protagonista de una de las etapas reina de la edición. Se estrena el puerto de la Centenera, durísimo, al igual que esta vertiente de Pedro Bernardo, más conocido por su lado opuesto. Mijares vuelve después de varios años de ausencia. Siempre ha marcado la carrera. El puerto de San Juan de la Nava decidirá la etapa y producirá algunas escaramuzas por la general, si es que no se han producido antes.

Etapa 16. Laredo – Santa Cruz de Bezana

El día de descanso y traslado sabemos que produce cambios en los cuerpos de los ciclistas y afecta su recuperación o su estado de forma. Etapa de nuevo llana en la que el pelotón rodará rápido.

Etapa 17. Unquera – Lagos de Covadonga

Una de las etapas reina. Descubrimos el puerto de Llomena para el ciclismo profesional, con doble paso, sustituyendo la función que venía realizando el histórico Mirador del Fito, y adornado con el durísimo puerto de Lagos como meta. Se asciende también el alto de Ortiguero.

Etapa 18. Salas – Gamoniteiro

La considerada etapa reina. Nada menos que cuatro puertos para superar los 4000 metros de desnivel. San Lorenzo y Cobertoria, durísimos, darán pie a forzar cosas de lejos en caso de necesidad, mientras que el Cordal, por el lado inverso al habitual, pondrá firme el pelotón en ascenso y en descenso. El puerto final habla por sí solo. Unos 15 kilómetros cerca del 10%. Uno de los puertos más duros de la historia del ciclismo.

Etapa 19. Tapia de Casariego – Monforte de Lemos

Dura en su inicio, introduciéndose en el interior astro-astur, el resto de la etapa quedará para fugas y decidir quién se lleva el antepenúltimo triunfo en esta edición. La presión de los equipos sin victorias se dejará notar y podrá afectar al resultado más que el propio recorrido, siempre travieso por tratarse de Galicia.

Etapa 20. Sanxenxo – Mos

Una auténtica encerrona, con una etapa clásica de la París-Niza. Cinco puertos en la parte final, con el de Mougás y el de Prado como decisivos para una eventual lucha por el maillot rojo. El final estará en un segunda, el Castro de Herville, que puede decidir la Vuelta.

Etapa 21. Padrón – Santiago de Compostela

Crono final con llegada en Santiago, rememorando las vivencias del año 1993, donde una crono entre estas dos localidades (entonces de 44) decidió la Vuelta en favor de Rominger ante Zulle.

 

ETAPAS LA VUELTA 2021

El creador de la carrera más importante de ciclismo pensaba que solo un pedalista debería terminar la competencia. Y creó un reglamento que les hiciera miserable la vida a los deportistas.

Grabado de Eugene Christope haciendo mantenimiento de su bicicleta en Saint Marie de Campan, durante el Tour de 1913.

Jacobo Hidalgo*

Sistema de cambios. Asistencia mecánica. Zona de alimentación. Relevos. Sí, estamos hablando de aspectos primordiales del ciclismo de ruta profesional. Difícil concebir este deporte sin ellos. Sin embargo, hubo una época en la que ciertos avances tecnológicos, la ayuda externa, y correr en equipo, estuvieron prohibidos.

Años de cargar bicis rotas a través de kilómetros buscando un taller en dónde repararlas, años de llenar los botellines en las fuentes a la vera del camino, años de llevar neumáticos de repuesto entre pecho y espalda. Ocurría en las primeras décadas del siglo XX, en los albores de las dos primeras grandes vueltas, el Tour de Francia y el Giro de Italia.

Reglamentos draconianos

Henri Desgrange en su escritorio.

Hablar sobre las reglas del ciclismo en sus primeros años nos remite a un personaje, tirano en sus dictámenes y cruel en sus objetivos: Henri Desgrange, el padre del Tour de Francia, conocido por regirlo con puño de hierro.

En palabras suyas, “el Tour ideal sería uno en el que solo un ciclista lograra completar el desafío”. Una oda al sufrimiento. Desgrange, para su satisfacción, introdujo un reglamento draconiano, lleno de normas que hacían miserable la vida a los pedalistas que se aventuraban en el Tour. Así ahondaban sus penurias ya presentes en vías sin asfalto, longilíneas jornadas de 300 y 400 kilómetros, y pasos montañosos que no eran más que camino de rebaños.

Desde la creación del Tour de Francia, en 1903, y hasta 1930, los ciclistas tenían prohibido cualquier tipo de ayuda mecánica. Apenas en 1923 pudieron cambiar de bicicleta durante la carrera, aunque tenía que estar completamente inutilizada y, además, había que llevarla hasta la meta. Desde 1925 se permitieron los relevos entre miembros de un mismo equipo: al principio Desgrange quería una competencia que premiara el esfuerzo individual; tanto así, que entre los deportistas estaba absolutamente prohibido compartir alimentos o repuestos.

Desgrange, para su satisfacción, introdujo un reglamento draconiano, lleno de normas que hacían miserable la vida a los pedalistas que se aventuraban en el Tour.

Apenas en 1937 se permitió el uso del rudimentario sistema de cambios, que no era más que un desviador de la cadena que permitía a los corredores cambiar de marcha; hasta entonces tenían que retirar la rueda trasera e invertir su sentido para usar un piñón grande o uno pequeño, de acuerdo con el terreno.

En 1956, pudieron cambiar las ruedas pinchadas, hasta ese año tenían que ser reparadas. Violar estas normas representaba sanciones, incluso de horas, suficientes para hundir las esperanzas de cualquier contendor al triunfo final.

Imaginar el ciclismo bajo estos preceptos es difícil, pareciera otro deporte, uno de supervivencia. No serían pocos los pedalistas que maldecirían a Desgrange mientras se desvaraban. Y no serían pocas las historias sobre infortunios que quedarían en diferentes reportajes.

El Vía crucis

Leon Scieur rodando con la rueda dañada de su bicicleta en la espalda durante el Tour. Rueda que le dejaría un cicatriz emblemática en su espalda. 

Una de tantas historias sucedió en 1913: durante una maratoniana etapa montañosa, de 326 kilómetros, entre Bayona y Luchon, Pirineos franceses. Eugene Christophe, uno de los ases de la época, era el más fuerte en carrera, liderando en el Aubisque y coliderando en el Tourmalet, junto al belga Philippe Thys.

Pero, para desgracia de Christophe, a mitad del descenso del Tourmalet se rompió el tenedor de su bicicleta. Su mala suerte no podía ser peor: imposible reparar la pieza rota por sus propios medios y, el pueblo más cercano, Saint Marie de Campan, quedaba 10 kilómetros abajo.

Sin ganas de resignarse, Christophe caminó ese trayecto y, una vez en el pueblo, encontró una forja donde reparó su cicla. Invirtió tres horas y siempre bajo la atenta mirada de un comisario de la carrera, quien incluso lo penalizó con 10 minutos por recibir ayuda de un niño al soplar el fuelle de la forja. Christophe terminaría esa etapa a casi 4 horas de Thys. Sus esperanzas de ganar el Tour se desvanecieron.

No serían pocos los pedalistas que maldecirían a Desgrange mientras se desvaraban.

El ciclista belga Leon Scieur, en 1921, llegó como líder del Tour a la última etapa, pero destrozó una de sus ruedas y la reemplazó con la que le ofreció un espectador. Aún así, tuvo que echarse la rueda dañada a su espalda y rodar con ella hasta París. El eje de ésta se clavó en su espalda y le dejó una profunda herida. Scieur se consagró finalmente campeón del Tour y quedaría con una gran cicatriz, la mostraría con orgullo como prueba de su hazaña. Su anécdota se empequeñece si la comparamos con lo que le sucedió ocho años después a otro portador del Maillot Jaune.

En 1929, en la décima etapa, el francés Victor Fontan rompió su tenedor en una caída y decidió ir de puerta en puerta, en un pequeño pueblo, buscando una bicicleta prestada para completar la jornada. Pero eso fue lo de menos: durante 145 kilómetros pedaleó con la bicicleta averiada a cuestas, a través de pasos pirenaicos, como un Cristo del ciclismo. Al terminar la etapa abandonó la carrera en medio de lágrimas. Tal vez este episodio ablandó el corazón de Desgrange, quien, desde 1930, dejó que los ciclistas recibieran ayuda en caso de que sus máquinas fallaran.

Pero no todos los corredores permanecían callados ante lo inhumano del Tour y sus reglamentos estrictos. En 1924, Henri Pelissier, campeón un año atrás, y famoso por su fuerte temperamento, se enzarzó con Desgrange por una medida.

Por la escasez de materiales tras la Primera Guerra Mundial, en 1920 se introdujo una nueva norma: durante las etapas los ciclistas no debían deshacerse de ningún elemento con el que hubiesen salido, como repuestos o ropa.

A oídos de Desgrange llegó el rumor de que Pelissier se quitaba los maillots a mitad de las jornadas. Y decidió enviar a un comisario a verificar el hecho, el cual, de manera sorpresiva, levantó el jersey de Pelissier. El ciclista, en cólera, encaró a Desgrange y lo abofeteó, luego abandonó la carrera.

Henri y su hermano, Francis (también ciclista), dejaron clara su inconformidad contra las dictatoriales y absurdas reglas del Tour en el reportaje Los forzados de la carretera, de Albert Londres, posteriormente convertido en libro. “No sólo es necesario correr como bestias, sino helarse o asarse. Parece que eso también forma parte del deporte”, confesaba un Henri enojado.

Pelissier, el pedalista que le dio una bofetada a Desgrange.

Y agregaba: “No tienes ni idea de lo que es el Tour de Francia. Es un calvario. Más aún, el Vía Crucis tenía catorce estaciones, mientras que el nuestro tiene quince. Sufrimos desde la salida a la meta”. La metáfora del calvario encaja a la perfección con algunas de las situaciones que los corredores tenían que padecer, como ocurrió con Victor Fontan.

Algunas reglas han ido en contravía del esfuerzo de los ciclistas, por inducir resultados injustos o por su arbitrariedad. En el primer grupo, el sistema de clasificación por puntos en el Tour, entre 1905 y 1912; y en el Giro, entre 1909 y 1913. Similar a la actual clasificación de la regularidad, la general era el resultado de la sumatoria de las posiciones diarias de los pedalistas: el campeón no era necesariamente el que invirtiera el menor tiempo total. Bajo dicha modalidad, el campeón del Giro, en su primera y tercera edición, hubiese sido Giovanni Rossignoli y no sus compatriotas Luigi Ganna y Carlo Galetti.

“No tienes ni idea de lo que es el Tour de Francia. Es un calvario. Más aún, el Vía Crucis tenía catorce estaciones, mientras que el nuestro tiene quince. Sufrimos desde la salida a la meta”, Henri Pelissier. 

Dentro de las medidas arbitrarias estaba el eliminar al último clasificado de la general en el Tour de Francia. Ocurrió en tres ediciones: 1939, 1948 y 1980, bajo el argumento de falta de heroicidad, el exceso de ciclistas que terminaban la prueba, y las licencias que algunos farolitos rojos (como se conoce al último clasificado de la general) se tomaban.

Ha pasado más de un siglo desde el nacimiento del ciclismo de competencia, pero sigue revolcándose en medio de su conservadurismo y de reglas retrógradas. Las innovaciones tecnológicas siguen siendo vistas con malos ojos; a los ciclistas se les vetan posiciones aerodinámicas, aduciéndose su seguridad (debate que da para otro texto); incluso se penaliza la altura inadecuada en los calcetines.

Algunas reglas han ido en contravía del esfuerzo de los ciclistas, por inducir resultados injustos o por su arbitrariedad.

Pareciera que el ciclismo ha cambiado en forma, pero no en espíritu. Irónicamente, las regulaciones en dos aspectos fundamentales tardaron: el uso del casco y las sustancias dopantes. La obligatoriedad de uno y la prohibición de las otras, llegaron con décadas de retraso; permitiendo que se perdieran vidas en el camino. La seguridad parece seguir siendo el capricho menor para aquellos que regulan este deporte.

* Antropólogo, aficionado al ciclismo. En Twitter: @paleohidalgo

FUENTE: LaRuedaSuelta.com

En 1993 ser de Ecuador no era un buen punto de partida para la historia de un ciclista, el ciclismo no le había dado muchas alegrías al país que nació en la mitad del mundo. En aquel año Richard Carapaz respiro por primera vez en esta hermosa nación y en un lugar donde el oxígeno escasea, en la provincia del Carchi, ahí se crió y aprendió las labores del campo, del trabajo duro, un sitio a más de 3200 metros sobre el nivel del mar, morada de la lluvia y el frío. También escaseaban muchas cosas por allá, como el dinero suficiente para una bicicleta, gracias a Dios la imaginación y las ganas de un niño humilde de disfrutar las cosas nunca escasean. Richard quien ya había perdido su primera bicicleta en un robo, logró armar su sueño de pedalear con una que encontró en el camión de chatarra del trabajo su padre, persistentemente tomó varias piezas de la morralla y logró poner a funcionar la destartalada y muy famosa bicicleta azul. Utilizaba su bici para divertirse o hacer los mandados, sin llantas o cubiertas como dicen en otros lugares de latino América paseaba por los paisajes del norte de Ecuador. 

 

Cuando se tiene 15 años el mundo no posee un gran lugar en nuestra memoria, no sabemos aún su significado, Richard a esa edad no sabía que existían carreras como la vuelta a España, el tour de Francia o el giro de Italia, no fue sino hasta que Juan Carlos Rosero una de las más famosas y viejas glorias del ciclismo ecuatoriano, quien había podido hacer un 5to lugar en la vuelta a Colombia, lo invita a participar de su nueva escuela de ciclismo y le hizo saber que existía una hermosa y exquisita carrera llamada Giro de Italia, donde cientos de corredores se peleaban por la Maglia Rosa y por el espectacular trofeo que entrega la carrera. Esto cambiaría totalmente a Carapaz, un nuevo sueño comenzaba a esculpirse en su corazón, pero dadas las circunstancias realizar tal hazaña debería tener un toque rocambolesco. 

Los primeros años de Richard se pedalearon en una bicicleta prestada por la federación de ciclismo del Ecuador, un buen trato porque con esa bici el carchense comenzó a trabajar duro y conseguir títulos, como el Campeonato Panamericano en Ruta sub-23. Richard sabía que si se montaba en la bici y nunca dejaba de pedalear en algún momento llegaría a Europa no por carretera sino por mérito. Fue difícil porque miles de puertas se cerraron, pocos creían en su idea de llegar a Europa y peor aún de que este chiquilín como le decían corriera el giro de Italia. Los años y su esfuerzo le fueron dando la razón, pedaleo, entrenó y aprendió del oficio gracias a su mentor Juan Carlos Rosero quien le enseñó hasta el último día de su vida porque murió en 2013, dejando plantada una semilla en una tierra muy fértil en la mente y corazón de Richard Carapaz.

La cosecha fue su evolución exponencial el ecuatoriano viajó a Colombia en 2015 ganó la vuelta a la juventud siendo el único extranjero en ganar, el potencial de Richard para aquella época ya comenzaba a susurrarse por los pasillos del ciclismo, tanto que para 2016 su sueño comenzó a despertar, Europa lo llamó, el Lizarte le ofreció un contrato de prueba por tres meses y así comenzó a desgastar las carreteras del viejo continente. Ganó la vuelta a Navarra, dando un paso más en la historia del ciclismo ecuatoriano, siendo el primero de su país en ganar en Europa, un paso más también en su sueño del Giro al menos ya estaba a pocos km de Italia.

 

CONTRATADO POR EL MOVISTAR

Eusebio Unzué en 2017 le dio la camiseta del Movistar, el español vio el potencial del ecuatoriano y lo contrató. El equipo telefónico era la catapulta que lo podría poner en las calles italianas y cumplir el sueño de pedalear en el Giro. Las grandes vueltas en ese 2017 se abrieron a sus ojos. Carapaz corrió la vuelta a españa y comenzó a mostrarse en el movistar. La noticia que cambiaría la vida de Richard llegó en la voz de Eusebio Unzué, “Richard te vamos a dar una oportunidad en el Giro de Italia”. Para esos años el movistar estaba empecinado en el Tour de Francia y en el juego de los tres líderes al Tour, para Richard era una sonrisa porque esto lo había puesto junto a Carlos Betancur como colíder para el giro de Italia 2018. A qué horas había pasado todo esto, Richard estaba en el giro de Italia, en una grande y pelando con las más duras fieras del ciclismo. 

Giro de Italia 2019: Carapaz, el campeón ecuatoriano que adoptó Colombia |  MARCA Claro Colombia

GIRO DE ITALIA 2018

En ese Giro Richard comenzó a escalar posiciones y km llego a la etapa 8 vestido con camiseta de mejor joven, tenía las piernas, las ansias de ganar, se enfrentaba a un día con final en alto, con frío y lluvia, como los días que vivió en Carchi, ya no escaseaba el dinero para la bici, en esa etapa escaseaba el miedo, porque Richard había dejado el temor en los km pedaleados. Y lo demostró a falta de 2 km de coronar el Montevergine di Mercogliano, el final de etapa de aquel 12 de mayo de 2018, no hubo quien pudiera al menos intentar seguirle el paso, ya había pedaleado tanto y tan duro, entrenando y en el trabajo del campo, que ningún ciclista pudo alcanzarlo, aunque se le hicieron eternos esos últimos 500 metros Richard Carapaz llegó a la meta y le dio dos golpes al corazón, enseñando que con él había pedaleado, que con él había llegado hasta la victoria, había logrado un sueño imposible, había escrito una historia inverosímil.

CAMPEÓN! Richard Carapaz hace HISTORIA y se lleva el Giro de Italia 2019 -  Noticiclismo

y así fue como el chiquilín de la bicicleta azul y a quien pocos le creían a su sueño de triunfar logró llegar a Europa, correr el giro y hacer historia en una gran vuelta. Ganar una etapa, una épica etapa fue un hecho histórico para Ecuador, para Carapaz y para la vida porque no importa los km, si quieres llegar debes dar el primer pedalazo y nunca dejar de pedalear.

FUENTE: ElTruequeCiclismo.com

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