En 1993 ser de Ecuador no era un buen punto de partida para la historia de un ciclista, el ciclismo no le había dado muchas alegrías al país que nació en la mitad del mundo. En aquel año Richard Carapaz respiro por primera vez en esta hermosa nación y en un lugar donde el oxígeno escasea, en la provincia del Carchi, ahí se crió y aprendió las labores del campo, del trabajo duro, un sitio a más de 3200 metros sobre el nivel del mar, morada de la lluvia y el frío. También escaseaban muchas cosas por allá, como el dinero suficiente para una bicicleta, gracias a Dios la imaginación y las ganas de un niño humilde de disfrutar las cosas nunca escasean. Richard quien ya había perdido su primera bicicleta en un robo, logró armar su sueño de pedalear con una que encontró en el camión de chatarra del trabajo su padre, persistentemente tomó varias piezas de la morralla y logró poner a funcionar la destartalada y muy famosa bicicleta azul. Utilizaba su bici para divertirse o hacer los mandados, sin llantas o cubiertas como dicen en otros lugares de latino América paseaba por los paisajes del norte de Ecuador. 

 

Cuando se tiene 15 años el mundo no posee un gran lugar en nuestra memoria, no sabemos aún su significado, Richard a esa edad no sabía que existían carreras como la vuelta a España, el tour de Francia o el giro de Italia, no fue sino hasta que Juan Carlos Rosero una de las más famosas y viejas glorias del ciclismo ecuatoriano, quien había podido hacer un 5to lugar en la vuelta a Colombia, lo invita a participar de su nueva escuela de ciclismo y le hizo saber que existía una hermosa y exquisita carrera llamada Giro de Italia, donde cientos de corredores se peleaban por la Maglia Rosa y por el espectacular trofeo que entrega la carrera. Esto cambiaría totalmente a Carapaz, un nuevo sueño comenzaba a esculpirse en su corazón, pero dadas las circunstancias realizar tal hazaña debería tener un toque rocambolesco. 

Los primeros años de Richard se pedalearon en una bicicleta prestada por la federación de ciclismo del Ecuador, un buen trato porque con esa bici el carchense comenzó a trabajar duro y conseguir títulos, como el Campeonato Panamericano en Ruta sub-23. Richard sabía que si se montaba en la bici y nunca dejaba de pedalear en algún momento llegaría a Europa no por carretera sino por mérito. Fue difícil porque miles de puertas se cerraron, pocos creían en su idea de llegar a Europa y peor aún de que este chiquilín como le decían corriera el giro de Italia. Los años y su esfuerzo le fueron dando la razón, pedaleo, entrenó y aprendió del oficio gracias a su mentor Juan Carlos Rosero quien le enseñó hasta el último día de su vida porque murió en 2013, dejando plantada una semilla en una tierra muy fértil en la mente y corazón de Richard Carapaz.

La cosecha fue su evolución exponencial el ecuatoriano viajó a Colombia en 2015 ganó la vuelta a la juventud siendo el único extranjero en ganar, el potencial de Richard para aquella época ya comenzaba a susurrarse por los pasillos del ciclismo, tanto que para 2016 su sueño comenzó a despertar, Europa lo llamó, el Lizarte le ofreció un contrato de prueba por tres meses y así comenzó a desgastar las carreteras del viejo continente. Ganó la vuelta a Navarra, dando un paso más en la historia del ciclismo ecuatoriano, siendo el primero de su país en ganar en Europa, un paso más también en su sueño del Giro al menos ya estaba a pocos km de Italia.

 

CONTRATADO POR EL MOVISTAR

Eusebio Unzué en 2017 le dio la camiseta del Movistar, el español vio el potencial del ecuatoriano y lo contrató. El equipo telefónico era la catapulta que lo podría poner en las calles italianas y cumplir el sueño de pedalear en el Giro. Las grandes vueltas en ese 2017 se abrieron a sus ojos. Carapaz corrió la vuelta a españa y comenzó a mostrarse en el movistar. La noticia que cambiaría la vida de Richard llegó en la voz de Eusebio Unzué, “Richard te vamos a dar una oportunidad en el Giro de Italia”. Para esos años el movistar estaba empecinado en el Tour de Francia y en el juego de los tres líderes al Tour, para Richard era una sonrisa porque esto lo había puesto junto a Carlos Betancur como colíder para el giro de Italia 2018. A qué horas había pasado todo esto, Richard estaba en el giro de Italia, en una grande y pelando con las más duras fieras del ciclismo. 

Giro de Italia 2019: Carapaz, el campeón ecuatoriano que adoptó Colombia |  MARCA Claro Colombia

GIRO DE ITALIA 2018

En ese Giro Richard comenzó a escalar posiciones y km llego a la etapa 8 vestido con camiseta de mejor joven, tenía las piernas, las ansias de ganar, se enfrentaba a un día con final en alto, con frío y lluvia, como los días que vivió en Carchi, ya no escaseaba el dinero para la bici, en esa etapa escaseaba el miedo, porque Richard había dejado el temor en los km pedaleados. Y lo demostró a falta de 2 km de coronar el Montevergine di Mercogliano, el final de etapa de aquel 12 de mayo de 2018, no hubo quien pudiera al menos intentar seguirle el paso, ya había pedaleado tanto y tan duro, entrenando y en el trabajo del campo, que ningún ciclista pudo alcanzarlo, aunque se le hicieron eternos esos últimos 500 metros Richard Carapaz llegó a la meta y le dio dos golpes al corazón, enseñando que con él había pedaleado, que con él había llegado hasta la victoria, había logrado un sueño imposible, había escrito una historia inverosímil.

CAMPEÓN! Richard Carapaz hace HISTORIA y se lleva el Giro de Italia 2019 -  Noticiclismo

y así fue como el chiquilín de la bicicleta azul y a quien pocos le creían a su sueño de triunfar logró llegar a Europa, correr el giro y hacer historia en una gran vuelta. Ganar una etapa, una épica etapa fue un hecho histórico para Ecuador, para Carapaz y para la vida porque no importa los km, si quieres llegar debes dar el primer pedalazo y nunca dejar de pedalear.

FUENTE: ElTruequeCiclismo.com

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En 1884, el británico Thomas Stevens se convirtió en la primera persona en dar la vuelta al mundo en bicicleta. Una gesta que fue solo una pequeña parte de una vida de película.

 

Thomas Stevens, la primera persona en dar la vuelta al mundo en bicicleta.

Unos calcetines, una camisa de repuesto, un impermeable, un saco de dormir y un revólver. Fue todo el equipaje que llevó consigo el joven Thomas Stevens (1854-1935) cuando, el 22 de abril de 1884, emprendió uno de los viajes más apasionantes de la historia: el que le llevaría a convertirse en la primera persona en dar la vuelta al mundo a pedales.

Stevens, cuya familia había emigrado a EEUU desde su Berkhamsted natal, en el Reino Unido, siendo él un niño, había entrado en contacto con aquel vehículo prodigioso en San Francisco. El mismo año de su partida compró un biciclo de la marca Columbia Standard de 50 pulgadas, esmaltado en color negro y con ruedas niqueladas. Y con ella partió, desde Sacramento, rumbo al este del país.

Thomas Stevens protagonista 'El Retrovisor' de Ciclosfera 34.

La travesía no fue en absoluto sencilla. Más de un tercio del recorrido tuvo que hacerlo a pie, a causa de la ausencia de caminos y carreteras. Tras 6.000 kilómetros en los que quedó prendado de su propio país (que desconocía casi por completo) y de sus habitantes como los indios nativos americanos, llegó a Boston el 4 de agosto. En total, cuatro meses de largo viaje.

Europa en el horizonte

Pero la aventura no había hecho más que comenzar. Tras pasar el invierno en Nueva York y embarcar con destino Liverpool, en la primavera de 1885 inició su periplo euroasiático. El 4 de mayo, centenares de personas lo despidieron en la iglesia de Edge Hill. Cruzó el Canal de la Mancha en barco para después pedalear por Francia, Austria, Hungría, los Balcanes y Turquia. Tras parar para descansar en Constantinopla, actual Estambul, pedaleó a través de Anatolia, Armenia, Kurdistán, Irak e Irán.

Thomas Stevens, la primera persona en dar la vuelta al mundo en bicicleta.

Por aquel entonces, la aventura de Stevens ya era noticia en los periódicos de medio mundo. Pero aquello no impidió que llegaran los problemas: se le denegó el permiso para viajar a Siberia. Fue expulsado de Afganistán, lo que le obligó a dar un gigantesco rodeo para cruzar el Mar Rojo, cuyo amable clima le conquistó. Tuvo enormes problemas para hacerse entender en la gigantesca China, donde estuvo a punto de ser linchado por una turba enfurecida a causa de la guerra franco-china. Finalmente cruzó el Mar del Japón para llegar al país del sol naciente, un lugar que le maravilló por la quietud de sus gentes y la belleza de sus paisajes, y completó el viaje en un último navío que le llevó, de nuevo, a California, donde fue recibido como un héroe.

El viaje de Thomas Stevens no fue más que otro episodio en una vida trepidante. Formó parte de la búsqueda en la inexpugnable África oriental del explorador Henry Morton Stanley. Investigó en profundidad las experiencias supuestamente milagrosas de los ascetas indios. E incluso terminó siendo el gerente del Teatro Garrick de Londres. Una vida intensa como pocas vivida a golpe de pedal.

Fuente: Ciclosfera.com