La Vuelta a España 2021 sigue encontrando nuevos territorios ciclistas. Para la edición de este año ‘debutan’ cuatro puertos de montaña que serán final de etapa inéditos. El Picón Blanco, el Balcón de Alicante, el Pico Villuercas y el Gamoniterio, además de dos llegadas en alto, a la Montaña de Cullera y al Alto de Castro Herville en Mos.


La seña de identidad de la Vuelta en sus últimas ediciones no cambia para 2021. Después de la recortada edición de 2020, que tuvo emoción de principio a fin, la de este año es una Vuelta con características muy similares. Empieza el 14 de agosto con una crono individual en Burgos en la Catedral y acaba con otra en Santiago de Compostela también en la Catedral, y en mitad hay hasta ocho etapas con final en alto y otras seis con un puerto ‘peligroso’ a poco de meta. A los velocistas solo les quedan media docena de etapas para ellos, siempre y cuando no haya escapadas consentidas. Y las emociones están repartidas durante todo el recorrido, sin tiempos muertos. Hay montañas de la primera a la última semana y esta vez sin un puerto tan decisivo como el Angliru, sino con espacio y opciones para ‘jugar’ a ciclistas durante toda La Vuelta.

La diferencia con respecto a otras ediciones serán los traslados. Es una Vuelta prácticamente itinerante en casi todas las jornadas. Sale Burgos, sube hasta casi la costa cantábrica y baja hacia el sur por la costa mediterránea y desde el Rincón de la Victoria (Málaga) atraviesa el centro por la vía de la Plata extremeña y vuelve al norte hasta Laredo, para recorrer toda la costa cantábrica hasta Santiago de Compostela.

Crono y montaña en la primera semana

La Vuelta a España 2021 arranca en Burgos con una crono individual corta solo 8 kilómetros, pero dura. Salida y llegada a la Catedral, que celebra su octavo centenario y subida al Castillo, donde suele acabar la primera etapa de La Vuelta a Burgos. Después jornada llana entre Caleruega y Burgos y para el tercer día llega la montaña. Salida en Santo Domingo de Silos y final unipuerto en el Picón Blanco, que ya marcará diferencias con sus 8 kilómetros al 9% y rampas de hasta el 16%.

La carrera atraviesa la península hacia el Mediterráneo con dos etapas llanas con finales en Molina de Aragón y Albacete, lo que supone la presencia casi segura de viento. Al siguiente día salida de Requena para llegar a la costa. Recorrido totalmente llano pero final peligroso en el repecho final de Cullera. La séptima etapa entra en el territorio ‘comanche’ de la Costa de Alicante con cinco puertos de montaña y final en el inédito Mirador de Alicante, que tiene rampas de hasta el 14%. Jornada de transición prácticamente llana en La Manga del Mar Menor y para acabar la primera semana un etapón de alta montaña. Un día de 180 kilómetros y cuatro puertos, que incluyen la subida a La Venta de Luisa (Calar Alto) y final en los tornantis de Velefique.

Finales peligrosos y el debut del Pico Villuercas para la segunda semana

Después de la jornada de descanso en Almería la Vuelta a España 2021 entra en la segunda semana con etapas peligrosas. La primera con final en el Rincón de la Victoria después de subir el puerto de Almachar, un segunda con la cima a 15 de meta. Al día siguiente terreno de emboscadas por la sierra de Jaén y final en el duro repecho de Valdepeñas de Jaén. Y la tercera etapa de la segunda semana también tiene miga, con un segunda a falta de 15 kilómetros para la meta. El turno para los velocistas será la meta de la Villanueva de la Serena.

El finde de la segunda semana de La Vuelta 2021 empieza con una jornada dura con un final inédito en el Pico Villuercas, de 14 kilómetros y rampas de hasta el 14%, que se subirá dos veces, la primera de ellas con un tramo de hormigón de tres kilómetros al 13%. Al día siguiente recorrido largo, 193 kilómetros, por la sierra de Gredos con la Centenera, Pedro Bernardo, Mijares y San Juan de la Navapara terminar en El Barraco.

Lagos, el Gamoniteiro y crono el último día

Largo traslado hasta Cantabria para comenzar la tercera semana. El final en Santa Cruz de Bezana parece propicio para una fuga o los velocistas. Será la antesala de la montaña asturiana, que volverá a ser decisiva. El miércoles 1 de septiembre la carrera afronta un etapón de 180 kilómetros y 4.000 metros de desnivel. Doble subida a la Collada Llomana en el Valle del Ponga y final clásico en los Lagos de Covadonga. Sin embargo la etapa reina será el jueves 2 de septiembre con un día de más de 5.000 metros de desnivel acumulado. Por el camino en durísimo San Lorenzo, la vertiente norte de La Cobertoria (por Quirós), la subida a Cordal por la vertiente de Riosa y el final en un puerto que hará historia en La Vuelta, el Gamoniteiro. Inédito para la carrera y con 15 kilómetros al 9,6%.

Jornada de transición rompepiernas con final en Monforte de Lemos y el sábado la última oportunidad para los escaladores con una etapa estilo a las clásicas de Lombardía o Lieja con cinco puertos de montaña y meta en Castro Herville Mos, de ocho kilómetros al 6%. Todo antes de la crono final ondulada de 33 kilómetros, larga para lo que suele ser habitual, que terminará de decidir la carrera.

Pogacar, Carapaz, Más, Valverde…

Y como esta Vuelta se ha presentado en el mes de febrero, cuando habitualmente se hacía en diciembre, ya hay muchos equipos que tienen definido el calendario de sus líderes. El principal reclamo será el ganador del pasado Tour, Tadej Pogacar, que ya hizo podio en el edición de 2019. También ha confirmado su intención de correrla Richard Carapaz, segundo el año pasado, y Enric Mas, quinto. En duda está Egan Bernal, que ha confirmado el Giro, y Primoz Roglic, que dependerá de lo que pase en el Tour. Si se ha apuntado del Jumbo Kuss, que debutará como líder en una grande.

Pero sin duda uno de los grandes protagonistas será Alejandro Valverde, en la que posiblemente será la carrera de su despedida como ciclista profesional casi 20 años después de debutar allá por la edición de 2002

 

Todas las Etapas

 

Etapa 1. Burgos – Burgos

La primera etapa, con salida en la catedral de Burgos, y el ascenso al alto del Castillo, ofrece una primera oportunidad de crear diferencias.

Etapa 2. Caleruega – Burgos

Primera etapa en línea y oportunidad para el viento y los velocistas. Las caídas y la colocación serán los grandes temas a tratar. Ningún puerto puntuable.

Etapa 3. Santo Domingo de Silos – Picón Blanco

Sin más dilación llega la primera llegada en alto de esta edición. Y no en cualquier puerto. Picón Blanco es nuevo en la Vuelta, aunque no en el ciclismo. Su cima ha sido coronada por Landa o Evenepoel, lo que da muestra de lo exquisito de su ascenso. El resto de la etapa será prácticamente llana, con el alto del Manquillo y el de Bocos, ambos de tercera.

Etapa 4. Burgo de Osma – Molina de Aragón

De la provincia de Soria recorremos un terreno rompepiernas para llegar a la localidad de Molina de Aragón, en Guadalajara. El viento será de nuevo el protagonista, con el repecho final para marcar algunas diferencias mínimas entre grupos en el más que previsible sprint.

Etapa 5. Tarancón – Albacete

Si la llegada a Albacete es conocida en el mundo del ciclismo es por el viento que arrecia en sus proximidades. Abanicos, nervios y desgaste que después pasará factura. La llegada, si todo va según lo previsto, al sprint.

Etapa 6. Requena – Cullera

Nueva llegada en cuesta, si bien se trata de una subida corta. La llegada a Cullera no será determinante, puesto que siendo tan breve, las diferencias se moverán en segundos. El resto de la etapa es plana y en su segunda mitad transita por zonas bien abiertas al viento.

Etapa 7. Gandía – Balcón de Alicante

Durísima etapa de media montaña. Desde el nivel del mar llegarán a los casi 1000 metros de una llegada inédita en el ciclismo: el Balcón de Alicante. La etapa comienza con el ascenso a un puerto de primera, Llacuna, que formará una fuga bastante interesante. A continuación llega un terreno donde consolidar o trabajar el pelotón para recomponer la situación de carrera. A partir del puerto de Benilloba todo es subir o bajar. Tudons, un clásico de la carrera, regresa por su lado amable, aquel donde Esteban Chaves fraguó su tercer puesto en el podio camino de Aitana.

Después se sube el puerto del Collao, de segunda, y el de Tibi, de tercera, antes del novedoso puerto final. Se esperan las primeras diferencias serias y alguna sorpresa en forma de escapada que luego cuesta bajar de los primeros puestos de la general.

Etapa 8. Santa Pola – La Manga del Mar Menor

De nuevo vuelve un cambio de desarrollos, esta vez al llano, con riesgo alto de viento y posibilidad alta de llegada al sprint, aunque veremos cómo de reducido. O no.

Etapa 9. Puerto Lumbreras – Alto de Velefique

Primera etapa de alta montaña. Un auténtico etapón, con pasos por el puerto de Cuatro Vientos, de segunda, el auténtico coloso del día, el de Venta Luisa (Calar Alto), todo un categoría especial puntuado de primera, que enlaza sin solución de continuidad con elalto de Castro de Filabres, revirado y duro, y la subida final al escénico Velefique.

Etapa 10. Roquetas de Mar – Rincón de la Victoria

Tras el día de descanso, llega una etapa trampa, con miga en su parte final. Transcurriendo en su mayor parte por costa, el muro de Almáchar pondrá en aprietos al pelotón. Si una fuga llega, tanto la subida como la bajada serán decisivas.

Etapa 11. Antequera – Valdepeñas de Jaén

Un clásico en la Vuelta. La llegada durísima a la localidad jienense de nuevo impedirá que los ciclistas se tomen un respiro. Los líderes tendrán que estar atentos de nuevo, con un final trampa en el que los puertos de Lagunillas para la fuga, y de Valdepeñas de Jaén para los favoritos, marcarán la carrera. La rampa final, con puntas sobre el 20%.

Etapa 12. Jaén – Córdoba

Sin respiro, las fugas volverán a tener protagonismo, con el doble ascenso a los montes contiguos a la capital cordobesa, un semi circuito que será muy atractivo incluso para ver peleas entre los gallos. El alto del 14% pasará ya factura.

Etapa 13. Bélmez – Villanueva de la Serena

La vuelta de la Vuelta a Extremadura no será testimonial, con una primera etapa donde el viento de nuevo será protagonista. Los equipos de velocistas procurarán controlar para una volata cantada.

Etapa 14. Don Benito – Villuercas

Uno de los grandes estrenos del año. El Pico Villuercas se estrena en la Vuelta con una etapa acorde y un primer paso por su durísima vertiente de hormigón. Primera llegada en alto en Extremadura y un coloso que tiene muchos visos de marcar diferencias y empezar a decidir el podio.

Etapa 15. Navalmoral de la Mata – El Barraco

Durísima etapa previa al último día de descanso. La sierra de Gredos será protagonista de una de las etapas reina de la edición. Se estrena el puerto de la Centenera, durísimo, al igual que esta vertiente de Pedro Bernardo, más conocido por su lado opuesto. Mijares vuelve después de varios años de ausencia. Siempre ha marcado la carrera. El puerto de San Juan de la Nava decidirá la etapa y producirá algunas escaramuzas por la general, si es que no se han producido antes.

Etapa 16. Laredo – Santa Cruz de Bezana

El día de descanso y traslado sabemos que produce cambios en los cuerpos de los ciclistas y afecta su recuperación o su estado de forma. Etapa de nuevo llana en la que el pelotón rodará rápido.

Etapa 17. Unquera – Lagos de Covadonga

Una de las etapas reina. Descubrimos el puerto de Llomena para el ciclismo profesional, con doble paso, sustituyendo la función que venía realizando el histórico Mirador del Fito, y adornado con el durísimo puerto de Lagos como meta. Se asciende también el alto de Ortiguero.

Etapa 18. Salas – Gamoniteiro

La considerada etapa reina. Nada menos que cuatro puertos para superar los 4000 metros de desnivel. San Lorenzo y Cobertoria, durísimos, darán pie a forzar cosas de lejos en caso de necesidad, mientras que el Cordal, por el lado inverso al habitual, pondrá firme el pelotón en ascenso y en descenso. El puerto final habla por sí solo. Unos 15 kilómetros cerca del 10%. Uno de los puertos más duros de la historia del ciclismo.

Etapa 19. Tapia de Casariego – Monforte de Lemos

Dura en su inicio, introduciéndose en el interior astro-astur, el resto de la etapa quedará para fugas y decidir quién se lleva el antepenúltimo triunfo en esta edición. La presión de los equipos sin victorias se dejará notar y podrá afectar al resultado más que el propio recorrido, siempre travieso por tratarse de Galicia.

Etapa 20. Sanxenxo – Mos

Una auténtica encerrona, con una etapa clásica de la París-Niza. Cinco puertos en la parte final, con el de Mougás y el de Prado como decisivos para una eventual lucha por el maillot rojo. El final estará en un segunda, el Castro de Herville, que puede decidir la Vuelta.

Etapa 21. Padrón – Santiago de Compostela

Crono final con llegada en Santiago, rememorando las vivencias del año 1993, donde una crono entre estas dos localidades (entonces de 44) decidió la Vuelta en favor de Rominger ante Zulle.

 

ETAPAS LA VUELTA 2021

Cuando no tienes ganas de entrenar, ¿encuentras la manera de hacerlo o encuentras una excusa para saltártelo? ¿Tienes fortaleza mental?

Si te plantean retos, ¿te acuestas derrotado o aceptas el desafío? Cuando tienes una mala carrera, ¿mina tu confianza o tomas la experiencia para evolucionar?

Muchos ciclistas dicen que la fortaleza mental es el componente clave para lograr el éxito en el deporte. La fortaleza mental es tu capacidad de perseverar frente a los desafíos, de seguir adelante incluso cuando las cosas se ponen difíciles y de tener un compromiso implacable con tus objetivos. Cuando desarrollas tu fortaleza mental, los obstáculos son solo temporales y una mala actuación no mina tu creencia en tu capacidad.

Aquí tienes cuatro atributos de fortaleza mental y consejos para desarrollar esos atributos tanto en el entrenamiento como en el día de la carrera:

 Compromiso

La motivación puede ser lo que te motive, pero el compromiso es lo que te mantiene en movimiento. Los ciclistas mentalmente fuertes saben exactamente lo que quieren lograr y están comprometidos a lograrlo. Cuando eres mentalmente fuerte, significa que puedes retrasar la gratificación inmediata y tomar decisiones en el momento en que estén al servicio de tu objetivo final. Cuando estás comprometido con la meta, cualquier contratiempo que encuentres es temporal y no es una cuestión de si logras tu objetivo, sino cuándo.

Consejo de entrenamiento: ESTABLECIMIENTO DE METAS
El establecimiento de metas es la herramienta para ayudarte a crear una visión de lo que quieres lograr con un plan para llegar allí. Conoce exactamente cómo quieres sentirte y qué quieres lograr el día de la carrera y luego establece objetivos específicos de entrenamiento a corto y largo plazo para llegar allí.

Consejo para la carrera: ACEPTACIÓN
Prepárate para aceptar lo que te traiga el día. Cuando aceptas de inmediato lo que está frente a ti y confías en que puedes manejar lo que traiga el día de la carrera, es más rápido encontrar una manera de evitar cualquier desafío del día de la carrera.

 Atención

Una de las características de los ciclistas mentalmente fuertes es que son capaces de rendir bajo presión y de hacerlo constantemente. Cuando eres mentalmente fuerte, permaneces en el momento presente, te mantienes enfocado en las cosas que tienes bajo tu control, y no te distraes con cosas que son irrelevantes para tu desempeño. Puedes concentrarte en la tarea en cuestión y hacer lo que debe hacerse en ese momento, independientemente de lo que esté sucediendo a tu alrededor. Sabes que cuando llegas al final de tu carrera, diste todo lo que tenías para dar, tanto mental como físicamente.

Consejo de entrenamiento: ENTRENAR PARA LA ADVERSIDAD
En un estudio de investigación realizado con 33 deportistas de élite para definir el concepto de fortaleza mental, uno de los temas dominantes que surgió fue la capacidad para enfrentar la adversidad (Middleton, et al., 2004). Imagina circunstancias que puedan perturbar tu confianza y trata de crear situaciones durante el entrenamiento que simulen esas experiencias. Al entrenar para la adversidad, te brindas la oportunidad de practicar la calma y la confianza al enfrentarte a los contratiempos.

Consejo para la carrera: MOMENTOS CRÍTICOS
Piensa en los momentos que vendrán durante tu carrera que son críticos para tu rendimiento. Piensa en cada momento y planifica cómo deseas reaccionar en esas situaciones para poder concentrarte en tu objetivo final y hacer que esto sea parte de tu  plan de carrera .

 Resiliencia

La rapidez con la que tu cuerpo puede volver a su ritmo cardíaco en reposo después de la actividad física es un signo de tu condición física. La rapidez con la que puedes recuperar la compostura después de un contratiempo es un signo de tu capacidad de recuperación y de tu condición mental. Un ciclista mentalmente fuerte puede evaluar rápidamente la situación y adaptarse a las nuevas circunstancias. Cuando eres resiliente, significa que no hay una demanda que no puedas satisfacer, ningún obstáculo que no puedas superar y que no te derroten de inmediato ante un contratiempo. Puedes manejar cualquier cosa que se te presente y donde otros ven obstáculos, ves oportunidades.

Consejo de entrenamiento: OBSTÁCULOS A LAS OPORTUNIDADES
Cómo definir el desafío frente a ti cambia todo. Cuando encuentres un obstáculo durante el entrenamiento, observa qué cosas cambian para ti cuando decides pensar; «Esto va a ser difícil». Vs. «Esto va a ser un desafío». Vs. «Esto va a ser una oportunidad». Cuando busques oportunidades, encontrarás tu camino alrededor del obstáculo y podrás salir aún más fuerte de esa situación.

Consejo para la carrera: AFIRMACIONES
Muchos de nosotros somos mejores en la creación de listas que alimentan nuestras dudas que en la creación de listas que fortalecen nuestras fortalezas. Las afirmaciones son mensajes poderosos que pueden ayudar a influir en tus sentimientos de competencia y confianza. Elabora una lista de afirmaciones positivas que alimentarán tu confianza en el día de la carrera.

 Actitud

Cada pensamiento que tienes es un mensaje que te estás enviando sobre si te sientes confiado y capaz de cumplir tu objetivo. Tienes que creer que puedes hacer esto. Los ciclistas mentalmente fuertes tienen una creencia inquebrantable en su capacidad para lograr sus objetivos y saben que un mal día no los define. Utiliza las fallas como retroalimentación y llévate lo que aprendiste a tu próxima competición. Los fracasos no te dan ganas de tirar la toalla; te hacen querer aún más.

Consejo de entrenamiento: IMAGEN
La investigación ha demostrado que el uso de imágenes es un fuerte predictor de confianza y resistencia mental (Mattie & Munroe-Chandler, 2012). Tienes la capacidad de imaginar el futuro y la capacidad de cambiar tus expectativas de ese futuro. La capacidad de ver el éxito en tu mente te ayuda a creer que eres capaz de tener éxito en tu vida. Cuando usas imágenes, creas la oportunidad de ensayar mentalmente cómo quieres sentirte y qué quieres hacer durante tu desempeño.

Consejo para la carrera: PENSAMIENTO DE PARADA
Cuando te quedas atascado en un patrón de pensamiento negativo o en emociones negativas, puedes sentir que te has subido a un tren de alta velocidad y no hay manera de saltar a la pista. Cuando reconoces que te estás involucrando en pensamientos que son perjudiciales para tu rendimiento, necesitas aprender cómo detenerlos. Detén esa línea de pensamiento, cambia tus pensamientos y concéntrate en algo que te ayude a sentirte tranquilo, confiado y en control.

La fortaleza mental no es una habilidad; son muchas habilidades. No naces mentalmente fuerte, trabajas para ello.

Cuando te presentas a tu carrera y no has realizado tu preparación mental, estás dejando una parte significativa de tu rendimiento al azar.

La misma disciplina que usas para tu condición física debe aplicarse a tu condición mental. Prepárate para el éxito entrenando tu cuerpo y tu cerebro para el día de la carrera.

Fuente: Carrie Cheadle

Morir encima de la bici es un drama; hacerlo con 29 años, tras desplomarse por una parada cardiaca provocada por una mezcla de alcohol y anfetaminas, es el maldito final de la vida del ciclista inglés Tom Simpson ¡Subidme de nuevo a la bici!

Tom Simpson

El Mont Ventoux no tuvo la culpa. Las montañas no son las culpables de las muertes que se dan en ella. Sí, hablamos de muertes hablando de ciclismo. No es la mejor forma de empezar a contar una historia, pero la de Tom Simpson empieza y termina en menos de 30 años.

Tom Simpson, un ciclista inglés que ahora tiene un monumento a tres kilómetros de la  cima del Mont Ventoux . Justo donde se desplomó. Justo donde los médicos hicieron todo lo posible para salvarle la vida. El corazón de Tom se paró. Y lo hizo no solo por la dureza de las rampas del ‘Gigante de la Provenza’, sino también por esa mezcla de anfetaminas y alcohol que aceleró su deshidratación por golpe de calor, mucho más rápido de lo que sería normal por el esfuerzo.

¿De dónde viene Tom Simpson?

Tom Simpson era el mejor ciclista inglés de todos los tiempos. Así se le llamaba y así aún se le llama incluso aunque ya haya sido superado en victorias por otros compatriotas. El hijo de un minero que con tan solo 19 años ya ganó un bronce en la especialidad de pista en persecución en los Juegos Olímpicos de Melbourne de 1956. El hijo de un minero que ganó el mundial de ruta en Lasarte en 1965. El hijo de un minero que además de conquistar un  Tour de Flandes , una  Milán-San Remo , un Giro de Lombardía y una París-Niza, fue el primer inglés en vestirse de amarillo en el Tour de Francia de 1962. Y como no, el hijo de un minero que ganó la barbaridad de Bourdeaux-París de 1963, carrera que constaba de 650 km en el mismo día.

Profesional desde 1958 con tan solo 21 años (nació en 1937), Simpson comenzó a practicar ciclismo con el club de Harworth donde se había trasladado con su familia tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. En 1959 su carrera profesional cambia por completo cuando para evitar cumplir con el Servicio Militar Nacional se muda al pueblecito bretón de Saint-Brieuc. Un lugar que también le permitiría acceder al triunfo en carreras menores que le fueran abriendo el paso de profesionales. Y aunque ya en 1959 recibió una invitación para participar en el  Tour de Francia , no fue hasta un año más tarde donde comenzaría su primer Tour en 1960.

El inglés más francés de Paris

“Creo que correr el Tour de Francia, hace a un ciclista inmortal”. Esta frase de Simpson de alguna manera premonitoria, es una muestra de la enorme personalidad que tenía el ciclista inglés. De hecho y teniendo en cuenta que estamos hablando de los años 50 y 60 principalmente, Simpson fue uno de los primeros ciclistas que supo entender la relación con la prensa y los medios audiovisuales para aumentar el valor de su marca, es decir, de el mismo.

En su etapa en Francia aprendió francés apenas un año de estar allí, para relacionarse con los medios locales en su propio idioma y era habitual verle en grabaciones vestido completamente de ‘gentleman’ inglés por los mercados de comida de París, o paseando con su coche descapotable. Hay fotos de Simpson subido a un burro, mirando por debajo de la falda a una bailarina o por supuesto rodando en carrera con su gorra hacia atrás y sus gafas de sol blancas súper modernas para la época que estamos hablando. La historia de ser el hijo de un minero triunfando en el ciclismo con tanta personalidad y tan buena relación con el público y los medios, también forma parte de la leyenda de Simpson y su visión del ciclismo muy adelantada a su época.

Tom Simpson vestido de amarillo en el Tour de Francia el 12 de julio de 1962

Pero en la historia de Tom Simpson no todo son luces. Las sombras sobre el inglés tan querido dentro del pelotón surgen por sus declaraciones a la televisión sobre su negativa al uso de sustancias dopantes, a pesar de que en el mismo querido pelotón era de ‘conocimiento general’ el uso de anfetaminas por parte del inglés y por la mayoría de los corredores. Los que no lo hacían, quedaban marginados.

Otro inglés, Vin Denson compañero del equipo británico de ciclismo, comentaba en un documental televisivo hace años, que en las conversaciones con Simpson este le decía que estaba asesorado por un médico que le aconsejaba tomar no más de 8 miligramos al día. Denson, tratando de convencer a Simpson, le decía: “Entrena duro, trabaja duro, duerme bien, come correctamente… Puede que usar drogas te vaya bien para un día, pero al día siguiente… ¿Dónde vas a estar al día siguiente?”.

El año que termina todo

1967. El año maldito de Tom Simpson, se percibe como un gran año para él a pesar del desenlace final. Ya lleva unos cuantos Tours a sus espaldas (termino tres de siete) y ese mismo año se lleva la París-Niza. Y ya se sabe, quien gana la París-Niza se lleva, en teoría, el Tour de Francia… El de 1967 tenía 4.000 km de recorrido en 22 etapas. Más de 500 km que el Tour de Francia que se correrá este 2020 en 21 etapas.

Y dentro de esas 22 etapas, Simpson preparó una estrategia basada en las cuatro etapas principales donde se decidiría todo; Alpes, Mont Ventoux, Pirineos y la contrarreloj final. Además, ese Tour de Francia se estaba corriendo sabiendo que el equipo italiano Salvarani estaba interesado en ficharle si hacía un buen Tour. Y para ello y para conseguir un buen contrato, necesitaba ganar etapas, vestirse de amarillo o terminar en el podio.

¿Qué pasó el 13 de julio?

La etapa decimotercera con final en el alto de Mont Ventoux, venía precedida dos días antes de un final en los Alpes, donde Simpson llegó totalmente agotado a la meta. Apenas sosteniéndose de pie y obligado por los compañeros de equipo a comer algo al ver el estado físico tan debilitado. El 13 de julio del Tour de Francia de 1967, Simpson se encuentra lejos de los líderes en la última subida del día al  Mont Ventoux , el francés Poulidor, el español Julio Jiménez y el holandés Jan Janssen entre otros. Ataque tras ataque Simpson no hace más que terminar cada vez más atrás en un esfuerzo vacío por intentar liderar y llevarse la etapa.

Y si hay algo que además es determinante a la hora de subir el Ventoux, es esa línea real que se marca en la montaña cuando dejas la parte de bosque y entras en ese entorno casi lunar, extremadamente caluroso, al menos el día del fallecimiento de Simpson, que se ve acentuado por la altitud.

Tras negar los bidones de agua de algún compañero de equipo y con el observatorio ya en el punto de mira a entre 5 y 6 km de la meta, Simpson totalmente descolgado del grupo ganador, lucha contra sí mismo en un pedaleo agónico en todos los sentidos. Poco a poco pierde el control de la bici a pesar de seguir pedaleando hasta que se colapsa por primera vez camino de la cima. A tres kilómetros de la meta y ayudado por los espectadores, Simpson pide a gritos que le pongan encima de la bici; ¡subidme de nuevo a la bici! Unos cuantos metros más adelante, vuelve a colapsarse, la gente le ayuda a que no se caiga de la bici y cae inconsciente.

En directo

Una de las partes más duras de la historia de Tom Simpson es la retransmisión en directo por televisión de todo lo que ocurrió en esos fatales últimos tres kilómetros de ascensión al Mont Ventoux. El equipo médico del Tour trató de reanimarlo mediante masaje cardiaco primero y boca a boca después, con Simpson desplomado en la cuneta. Simpson yace en una cuneta llena de piedras blancas, con su maillot blanco del Peugeot y con un médico encima aplicándole masaje cardiaco y otro con la maniobra del boca a boca. Todo por televisión, todo fotografiado, todo en maldito directo. Simpson es evacuado en helicóptero.

El holandés Jan Janssen cruza la meta en primera posición a las 16:30 de la tarde. Unas horas más tarde, la sala de prensa lanza el comunicado donde se lamenta el fallecimiento de Tom Simpson por colapso por fallo cardiaco.

El día siguiente se revela que el colapso cardiaco se debió a la tremenda deshidratación y a la ingesta de anfetaminas mezcladas con alcohol, tal y como se encontró en la sangre del corredor inglés. Los corredores sumidos en un enorme silencio, de cierta complicidad, por una situación desgraciadamente conocida y reconocida por muchos de ellos, tienen cierta reticencia a seguir la carrera. Los organizadores del Tour quieren seguir adelante.

Finalmente, la etapa decimocuarta se pone en marcha con la condición, por parte de los corredores, de que un ciclista inglés debía de cruzar la meta en primer lugar como tributo a Tom Simpson. Un año más tarde de la muerte de Simpson, la UCI incluyó los análisis de orina en el Tour de Francia, como primer paso para evitar de nuevo una muerte en el ciclismo profesional.

Monumento homenaje a Tom Simpson en el Mont Ventoux

En 1968 se erige un monumento dedicado a Tom Simpson en el lugar donde se colapsó y murió el año anterior, financiado por ciclistas ingleses. Un monumento que puede servir de recuerdo y homenaje al que fue uno de los mejores ciclistas británicos de la historia, pero también puede servir de advertencia. El hijo de un minero que nunca ganó el Tour de Francia, pero que fue el mejor corredor británico de todos los tiempos…

FUENTE: maillotmag.com

1. Unos primeros años muy diferentes

La ronda fue creada en 1903 por iniciativa de un periodista de L’Auto, antecesor de L’Equipe. Del color de sus páginas viene el maillot amarillo. Se ha disputado ininterrumpidamente hasta el día de hoy, a excepción de los parones obligados por las guerras mundiales (1915-18 y 1940-46). Ahora el Tour es todo un símbolo nacional, pero en sus inicios no era bien visto por la población francesa. En la edición de 1905 alguien puso clavos en la carretea, lo que provocó el abandono de muchos ciclistas debido a que no existía la asistencia en carretera. De hecho, sólo podían utilizar una bicicleta en todas las etapas.

El origen del Tour de Francia - MARCA.com

 

2. La borrachera de Abdel-Kader Zaaf (1950)

20 kilómetros le distanciaban de ser el primer africano en vencer una etapa en el Tour. Un aficionado le ofreció una botella al argelino y, dado el insoportable calor que estaban sufriendo, no dudó en aceptarla y beber de ella. Para su desgracia, contenía vino en lugar de agua. Las altas temperaturas, el agotamiento y sus creencias musulmanas que nunca le habían permitido tomar alcohol provocaron su desfallecimiento. Quedó inconsciente a la sombra de un árbol y de nada sirvieron sus esfuerzos por regresar, desorientado y sin fuerzas, a la carrera. Finalmente se le llevaron en ambulancia hacia Nimes.

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3. La caída de Van Est convertida en reclamo publicitario (1951)

Era la duodécima etapa. El tulipán defendía el maillot de líder cuando se precipitó por un barranco. Tuvo la suerte de que varios fueron testigos del accidente. Pudieron rescatarlo atando cubiertas de ruedas de repuesto, pero fue imposible devolverle a la carrera. En Pontiac estuvieron muy astutos y sacaron partido de aquello en forma de publicidad. La marca de relojes patrocinadora del equipo para el que corría el holandés utilizó la imagen del ciclista en el suelo y sus palabras: “Caí a setenta metros de profundidad. Mi corazón se detuvo, pero mi Pontiac siguió funcionando“.

A 200 pulsaciones...: Wim Van Est, la caída que llegó al corazón

 

4. El helado de Bahamontes en plena etapa (1954)

Era la primera participación de “El Lechuga” en la ronda gala. Coronó el Col de Romeyère con 14 minutos de ventaja y, una vez allí, decidió bajarse de la bicicleta y esperar. Los aficionados no creían la escena, menos aún cuando cogió helado de un puesto ambulante para tomárselo sentado allí. Lo cierto es que aquel descanso era una parada que el toledano realizó para esperar al coche de asistencia. Consideró que bajar el puerto con dos radios de la rueda trasera rotos no era la mejor idea. Finalmente el protagonista fue alcanzado y no pudo lograr la etapa. La prensa, que no conocía los verdaderos motivos de su parada y ese refrescante helado, tildó al escalador de prepotente y orgulloso.

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5. El parón para saludar al general Charles de Gaulle (1960)

Jacques Goddet, director de carrera, fue informado de que Charles de Gaulle estaría presenciando la etapa a su paso por Colombey les Deux Églises. Hicieron lo propio con los ciclistas y una vez allí, en la localidad natal del general, el director ordenó parar. Los corredores más importantes (Nencini, Graczyk y Darrigade entre otros) ocuparon las primeras filas y estrecharon la mano con el entonces presidente de la República. “Estoy confuso, el Tour se para por mí”, comentó a su esposa.

Tour de Francia 2017: De Gaulle, a pie de ruta: "Estoy confuso, el Tour para  por mí" - AS.com

 

6. La muerte por anfetaminas de Tom Simpson (1967)

Todo sucedió en el Mont Ventoux. Allí finalizaba la etapa que Simpson quería utilizar para asaltar la general. Pero la debilidad mostrada en los días anteriores también fue protagonista en aquella fatídica jornada. El corazón del corredor dijo basta. Inicialmente la versión oficial de su muerte relataba una deshidratación y un golpe de calor. Después se supo que la muerte se debió al dopaje, concretamente a la ingesta de anfetaminas mezcladas con alcohol. Esta droga no le permitió conocer que había llegado a su límite y el alcohol, además de producir una nefasta combinación con el calor y el sobre esfuerzo propio del puerto francés, aceleró la deshidratación. Aquella escena del británico tambaleándose fue vista en directo por todo el mundo, y significó un cambio radical de la lucha antidopaje en la UCI. En 1968 se erigió un monumento al ciclista. A 3 km de meta, donde dejó de pedalear para siempre.

Tom Simpson, el ciclista que murió en plena subida al Mont Ventoux en el  Tour de 1967

 

7. Perico Delgado llegando tarde a una contrarreloj (1989)

Aquella gran vuelta fue testigo de un despiste impropio, difícil de ver incluso en una carrera amateur. Era el prólogo y todo el mundo del ciclismo estaba pendiente de quien debía defender el título de campeón. Él único despistado era él, quien se presentó en la salida 2:40 minutos más tarde de lo establecido. “Me encontré con Thierry Marie durante el calentamiento y estuvimos charlando sobre cómo era el trazado. Le dije ‘Thierry, me voy que llego tarde’ y sí, llegué tarde“, recordaba Perico en MARCA años después. El segoviano hizo un gran tiempo en aquella contrarreloj de Luxemburgo. Fuera de su error tan sólo cedió 14 segundos con el vencedor de la etapa (Breukink). Fue capaz de lograr ser tercero en la clasificación general de esa edición.

CyclingHistory: Pedro Delgado, luces y sombras. Parte VII. 1989 ,  Luxemburgo.

 

8. Guerini tirado por un fotógrafo (1999)

El ciclista italiano ya se veía ganando en Alpe d’Huez. Encaraba en solitario el último kilómetro cuando un energúmeno se puso en el camino para sacarle una foto. No consiguieron esquivarse y ambos acabaron en el suelo. Aunque perdió unos 15 segundos en la caída, logró 21 de ventaja en meta sobre Pavel Tonkov y así ganó su primera etapa en una vuelta grande. Giuseppe Guerini repitió victoria en 2005 y bromeó ante los medios: “Hoy he esquivado al fotógrafo”. Aquel aficionado quedó bautizado para siempre como “El tonto de Alpe d’Huez”.

Twintig jaar geleden: Giuseppe Guerini ten val gebracht op Alpe d'Huez –  dagelijks iets degelijks

 

9. Alberto Contador desconfiado con los mecánicos del equipo (2009)

El Tour de Francia de ese año sigue recordándose por las disputas internas en AstanaContador no estaba de acuerdo con las decisiones y veía a los enemigos dentro del equipo: Johan Bruyneel, director, y Lance Armstrong, quien regresaba al ciclismo. La situación llegó al extremo que el pinteño no guardaba la bicicleta con el resto, sino que lo hacía en la habitación de Faustino, su mecánico. Tampoco se fiaba de la comida. Más tarde Bruyneel ha declarado en varias ocasiones que todo se trataban de obsesiones del corredor. Lo único seguro es que el ciclista español era el mejor por entonces, y como tal se vistió de amarillo en París ese año.

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Las polémicas palabras de Contador sobre Armstrong

 

10. Chris Froome subiendo Mont Ventoux a pie (2016)

Una de las escenas más inverosímiles de esta vuelta ciclista se dio, precisamente, sin la bicicleta. Porte y Mollema esquivaron el frenazo de una moto oficial, pero el protagonista no tuvo esa suerte. Después éste, nervioso por mantener la indumentaria amarilla, decidió continuar su camino corriendo. Logró llegar a meta en bicicleta, lo que inicialmente no le sirvió para mantenerse en el liderato de la general. Los comisarios hicieron como válidos los tiempos previos al accidente y Froome salvó ese día. Acabó ganando ese Tour.

Caos en el Tour de France: Chris Froome siguió a pie tras perder su  bicicleta - Infobae

FUENTE: Marca.com

A escasos días de que dé comienzo la ronda más importante del ciclismo de carretera por etapas, el Tour de Francia 2021 se prevé sin duda espectacular. De entre todo su calendario, hoy rescatamos las 5 etapas de montaña más importantes. Toma nota.

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La montaña: siempre decisiva en el Tour de Francia

Hay tres aspectos que decantan la balanza en una prueba de la magnitud del Tour de Francia 2021: la primera, evitar las caídas y los abanicos en las etapas llanas de la primera semana; la segunda, ganar tiempo en las cronos si eres especialista o no perderlo si no es tu punto fuerte. Pero la tercera y fundamental aparece cuando la calzada se pone cuesta arriba: las etapas de montaña son sin duda la delgada línea roja que divide al ganador del resto.

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De hecho, se conocen casos de victorias con una mala crono, o con una caída incluso en los primeros días a lo largo de la llanura central francesa. Pero el Tour de Francia no perdona un mal día con un par de puertos de montaña. Fallar cuesta arriba es la espada de Damocles: pende sobre tu cabeza y si cae, estás muerto.

Por eso, hoy analizamos las 5 etapas de este Tour de Francia 2021 en las que la montaña es la protagonista. Coge la agenda porque aseguran espectáculo.

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Las 5 etapas de montaña imprescindibles del Tour de Francia 2021

No prima esta edición por la montaña. Tres finales solamente en alto dan fe de ello. Sin embargo, como es obvio, entre Alpes y Pirineos no pueden faltar puertos míticos.

ETAPA 8: Oyonnax – Le Grand-Bornand

Tras una semana de control y medidas en corto, llega la primera etapa de montaña. Este es un recorrido bastante tradicional al que se la ha incorporado una antesala: el Mont-Saxonnex, una novedad de casi 6 kilómetros a más del 8% de media. Pero, como decimos, es sólo un aviso, porque luego se les vienen 20 kilómetros con tres puertos de por medio a un 9% de media todos ellos. Entre ellos, un par de huesos de primera categoría: Col de Romme, casi 9 kilómetros al 9,4% y de primera categoría; y el Colombiére, 7,3 kilómetros al 8,7%.

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ETAPA 11 – Sorgues – Malaucéne

Tras las etapas 8 y 9, un receso antes de esta etapa 11. Tras un lustro sin transitar por esta carretera, el Tour de Francia 2021 vuelve al Mont Ventoux. ¿Necesita decir mucho más? Lo dudamos, pero el Gigante de la Provenza no viene solo, viene consigo mismo. Se van a hartar de Mont Ventoux, porque se sube dos veces y por sitios diferentes. Así es. Original, sin duda. Antes, el Col de la Liguiére, de 9,3 kilómetros al 6,7% para calentar piernas. Después, 22 kilómetros al 5,1% del Ventoux, bajada a Malaucéne, subida por la cara dura del Mont Ventoux, 15,7 kilómetros al 8,8%, y nueva bajada a Malaucéne con final bajando. Una pasada, sin duda.

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Etapa 15: Céret – Andorre La Vieille

Llegamos a los Pirineos y no viene en broma la cordillera. Esta primera pirenaica termina en Andorra La Bella y de bella tiene el nombre. Un primera categoría como el Mont-Louis, 8,4 kilómetros al 5,7% y a una cota de 1560 metros en la que ya prácticamente se mantienen el resto de la media etapa que queda, para subir Col de Puymorens, casi 6 kilómetros a casi el 5%; el Port d´Envalira, casi 11 kilómetros a prácticamente el 6%; y, por último, el Col de Beixalis, 6,4 kilómetros al 8,5%, una auténtica pared, corta pero brutal. Final, eso sí, de nuevo descendiendo.

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Etapa 17: Muret – Saint-Lary-Soulan Col du Portet

Un descansito y se viene toda la pomada. Aquí tenemos la etapa perfecta para los escaladores: 120 kilómetros de falso llano en los que ser protegidos por sus respectivos equipos, para llegar a la meta volante de Bagnéres-de-Luchon. A partir de ahí, se vienen tres puertos que son un auténtico perfil de dientes de sierra. Nombres muy respetables aquí: el Col de Peyresourde, 13,2 kilómetros al 7% de media; el Col de Val Louron-Azet, 7,4 kilómetros al 8,3%; y final en Col du Portet, con cifras estratosféricas: categoría especial para sus 16 kilómetros al 8,7% de media. Quien llegue entero y de una pieza a este último tramo tiene por delante tres opciones para romper la carrera cerca del final. Y eso, a estas alturas, puede ser determinante.

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Etapa 18: Pau – Luz Ardiden

Cerramos el área pirenaica y la montaña del Tour de Francia 2021 con esta espectacular etapa de montaña. La poca gasolina que quede aguardará para el último día cuesta arriba, así que las espadas en alto y todo por decidir muy seguramente. Por delante un auténtico etapón: 130 kilómetros, falso llano hasta los pies de Sainte-Marie-de-Campan, y a partir de ese kilómetro 77, el sufrimiento. Tiene nombre propio en primer lugar, Col du Tourmalet; y postre, Luz Ardiden. El primero suma más de 17 kilómetros al 7,3%; el segundo, otros 13,3 kilómetros al 7,4%. Además, como decimos, después de Luz Ardiden ya no hay más montaña, así que los escaladores tiene su última bala de plata.

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Un Tour de Francia 2021 que se promete espectacular y, sobre todo, con 5 etapas muy originales, con un perfil asombroso y que despierta grandes expectativas. Esperemos que la carrera esté a la altura.

FUENTE: BrujulaBike.com

El creador de la carrera más importante de ciclismo pensaba que solo un pedalista debería terminar la competencia. Y creó un reglamento que les hiciera miserable la vida a los deportistas.

Grabado de Eugene Christope haciendo mantenimiento de su bicicleta en Saint Marie de Campan, durante el Tour de 1913.

Jacobo Hidalgo*

Sistema de cambios. Asistencia mecánica. Zona de alimentación. Relevos. Sí, estamos hablando de aspectos primordiales del ciclismo de ruta profesional. Difícil concebir este deporte sin ellos. Sin embargo, hubo una época en la que ciertos avances tecnológicos, la ayuda externa, y correr en equipo, estuvieron prohibidos.

Años de cargar bicis rotas a través de kilómetros buscando un taller en dónde repararlas, años de llenar los botellines en las fuentes a la vera del camino, años de llevar neumáticos de repuesto entre pecho y espalda. Ocurría en las primeras décadas del siglo XX, en los albores de las dos primeras grandes vueltas, el Tour de Francia y el Giro de Italia.

Reglamentos draconianos

Henri Desgrange en su escritorio.

Hablar sobre las reglas del ciclismo en sus primeros años nos remite a un personaje, tirano en sus dictámenes y cruel en sus objetivos: Henri Desgrange, el padre del Tour de Francia, conocido por regirlo con puño de hierro.

En palabras suyas, “el Tour ideal sería uno en el que solo un ciclista lograra completar el desafío”. Una oda al sufrimiento. Desgrange, para su satisfacción, introdujo un reglamento draconiano, lleno de normas que hacían miserable la vida a los pedalistas que se aventuraban en el Tour. Así ahondaban sus penurias ya presentes en vías sin asfalto, longilíneas jornadas de 300 y 400 kilómetros, y pasos montañosos que no eran más que camino de rebaños.

Desde la creación del Tour de Francia, en 1903, y hasta 1930, los ciclistas tenían prohibido cualquier tipo de ayuda mecánica. Apenas en 1923 pudieron cambiar de bicicleta durante la carrera, aunque tenía que estar completamente inutilizada y, además, había que llevarla hasta la meta. Desde 1925 se permitieron los relevos entre miembros de un mismo equipo: al principio Desgrange quería una competencia que premiara el esfuerzo individual; tanto así, que entre los deportistas estaba absolutamente prohibido compartir alimentos o repuestos.

Desgrange, para su satisfacción, introdujo un reglamento draconiano, lleno de normas que hacían miserable la vida a los pedalistas que se aventuraban en el Tour.

Apenas en 1937 se permitió el uso del rudimentario sistema de cambios, que no era más que un desviador de la cadena que permitía a los corredores cambiar de marcha; hasta entonces tenían que retirar la rueda trasera e invertir su sentido para usar un piñón grande o uno pequeño, de acuerdo con el terreno.

En 1956, pudieron cambiar las ruedas pinchadas, hasta ese año tenían que ser reparadas. Violar estas normas representaba sanciones, incluso de horas, suficientes para hundir las esperanzas de cualquier contendor al triunfo final.

Imaginar el ciclismo bajo estos preceptos es difícil, pareciera otro deporte, uno de supervivencia. No serían pocos los pedalistas que maldecirían a Desgrange mientras se desvaraban. Y no serían pocas las historias sobre infortunios que quedarían en diferentes reportajes.

El Vía crucis

Leon Scieur rodando con la rueda dañada de su bicicleta en la espalda durante el Tour. Rueda que le dejaría un cicatriz emblemática en su espalda. 

Una de tantas historias sucedió en 1913: durante una maratoniana etapa montañosa, de 326 kilómetros, entre Bayona y Luchon, Pirineos franceses. Eugene Christophe, uno de los ases de la época, era el más fuerte en carrera, liderando en el Aubisque y coliderando en el Tourmalet, junto al belga Philippe Thys.

Pero, para desgracia de Christophe, a mitad del descenso del Tourmalet se rompió el tenedor de su bicicleta. Su mala suerte no podía ser peor: imposible reparar la pieza rota por sus propios medios y, el pueblo más cercano, Saint Marie de Campan, quedaba 10 kilómetros abajo.

Sin ganas de resignarse, Christophe caminó ese trayecto y, una vez en el pueblo, encontró una forja donde reparó su cicla. Invirtió tres horas y siempre bajo la atenta mirada de un comisario de la carrera, quien incluso lo penalizó con 10 minutos por recibir ayuda de un niño al soplar el fuelle de la forja. Christophe terminaría esa etapa a casi 4 horas de Thys. Sus esperanzas de ganar el Tour se desvanecieron.

No serían pocos los pedalistas que maldecirían a Desgrange mientras se desvaraban.

El ciclista belga Leon Scieur, en 1921, llegó como líder del Tour a la última etapa, pero destrozó una de sus ruedas y la reemplazó con la que le ofreció un espectador. Aún así, tuvo que echarse la rueda dañada a su espalda y rodar con ella hasta París. El eje de ésta se clavó en su espalda y le dejó una profunda herida. Scieur se consagró finalmente campeón del Tour y quedaría con una gran cicatriz, la mostraría con orgullo como prueba de su hazaña. Su anécdota se empequeñece si la comparamos con lo que le sucedió ocho años después a otro portador del Maillot Jaune.

En 1929, en la décima etapa, el francés Victor Fontan rompió su tenedor en una caída y decidió ir de puerta en puerta, en un pequeño pueblo, buscando una bicicleta prestada para completar la jornada. Pero eso fue lo de menos: durante 145 kilómetros pedaleó con la bicicleta averiada a cuestas, a través de pasos pirenaicos, como un Cristo del ciclismo. Al terminar la etapa abandonó la carrera en medio de lágrimas. Tal vez este episodio ablandó el corazón de Desgrange, quien, desde 1930, dejó que los ciclistas recibieran ayuda en caso de que sus máquinas fallaran.

Pero no todos los corredores permanecían callados ante lo inhumano del Tour y sus reglamentos estrictos. En 1924, Henri Pelissier, campeón un año atrás, y famoso por su fuerte temperamento, se enzarzó con Desgrange por una medida.

Por la escasez de materiales tras la Primera Guerra Mundial, en 1920 se introdujo una nueva norma: durante las etapas los ciclistas no debían deshacerse de ningún elemento con el que hubiesen salido, como repuestos o ropa.

A oídos de Desgrange llegó el rumor de que Pelissier se quitaba los maillots a mitad de las jornadas. Y decidió enviar a un comisario a verificar el hecho, el cual, de manera sorpresiva, levantó el jersey de Pelissier. El ciclista, en cólera, encaró a Desgrange y lo abofeteó, luego abandonó la carrera.

Henri y su hermano, Francis (también ciclista), dejaron clara su inconformidad contra las dictatoriales y absurdas reglas del Tour en el reportaje Los forzados de la carretera, de Albert Londres, posteriormente convertido en libro. “No sólo es necesario correr como bestias, sino helarse o asarse. Parece que eso también forma parte del deporte”, confesaba un Henri enojado.

Pelissier, el pedalista que le dio una bofetada a Desgrange.

Y agregaba: “No tienes ni idea de lo que es el Tour de Francia. Es un calvario. Más aún, el Vía Crucis tenía catorce estaciones, mientras que el nuestro tiene quince. Sufrimos desde la salida a la meta”. La metáfora del calvario encaja a la perfección con algunas de las situaciones que los corredores tenían que padecer, como ocurrió con Victor Fontan.

Algunas reglas han ido en contravía del esfuerzo de los ciclistas, por inducir resultados injustos o por su arbitrariedad. En el primer grupo, el sistema de clasificación por puntos en el Tour, entre 1905 y 1912; y en el Giro, entre 1909 y 1913. Similar a la actual clasificación de la regularidad, la general era el resultado de la sumatoria de las posiciones diarias de los pedalistas: el campeón no era necesariamente el que invirtiera el menor tiempo total. Bajo dicha modalidad, el campeón del Giro, en su primera y tercera edición, hubiese sido Giovanni Rossignoli y no sus compatriotas Luigi Ganna y Carlo Galetti.

“No tienes ni idea de lo que es el Tour de Francia. Es un calvario. Más aún, el Vía Crucis tenía catorce estaciones, mientras que el nuestro tiene quince. Sufrimos desde la salida a la meta”, Henri Pelissier. 

Dentro de las medidas arbitrarias estaba el eliminar al último clasificado de la general en el Tour de Francia. Ocurrió en tres ediciones: 1939, 1948 y 1980, bajo el argumento de falta de heroicidad, el exceso de ciclistas que terminaban la prueba, y las licencias que algunos farolitos rojos (como se conoce al último clasificado de la general) se tomaban.

Ha pasado más de un siglo desde el nacimiento del ciclismo de competencia, pero sigue revolcándose en medio de su conservadurismo y de reglas retrógradas. Las innovaciones tecnológicas siguen siendo vistas con malos ojos; a los ciclistas se les vetan posiciones aerodinámicas, aduciéndose su seguridad (debate que da para otro texto); incluso se penaliza la altura inadecuada en los calcetines.

Algunas reglas han ido en contravía del esfuerzo de los ciclistas, por inducir resultados injustos o por su arbitrariedad.

Pareciera que el ciclismo ha cambiado en forma, pero no en espíritu. Irónicamente, las regulaciones en dos aspectos fundamentales tardaron: el uso del casco y las sustancias dopantes. La obligatoriedad de uno y la prohibición de las otras, llegaron con décadas de retraso; permitiendo que se perdieran vidas en el camino. La seguridad parece seguir siendo el capricho menor para aquellos que regulan este deporte.

* Antropólogo, aficionado al ciclismo. En Twitter: @paleohidalgo

FUENTE: LaRuedaSuelta.com